Mi yo futuro

«Yo de mayor quiero ver la vida como un niño». Eso dije a los veintiún años. Y es que cuando era pequeño quería volar y, ahora, con una vida ya a mis espaldas, puede decir que lo cumplí. Cada momento contigo, aún después de todo este tiempo, es como si estuviese en las nubes. Tocando cada palmo de condensación. Esa sensación de calor y humedad que recorre las plantas de mis pies.

En mi vida no hice nada destacable. Dentro de unos años no seré recordado. No estaré en ningún libro. Nadie sabrá qué hice durante todos estos años. Aún así, en este mismo instante, puedo decir que mi vida es mucho más valiosa que eso. Porque hubo un día en el que sabía que al salir de trabajar, tu ya estarías en casa. Porque podría verte de nuevo, un instante más. Saber cómo estás sólo por el brillo de tus ojos.

Pero no solo por eso mi vida es mucho más que mi nombre en un libro. A partir de un día, un día que recordaré toda mi vida, no sólo tu estarías en casa. Y así es como seré recordado. No quiero ni mi nombre en un libro, ni en una losa de mármol. Simplemente seré un recuerdo. Y eso, eso no lo cambiaría por nada del mundo.

"Hay un viejo chiste, Dos mujeres de edad en un hotel de alta montaña comenta una a la otra, "¡Vaya, aquí la comida es realmente terrible!", y contesta la otra: "¡Y además las raciones son tan pequeñas!". Pues básicamente así es como me parece la vida, llena de soledad, histeria, sufrimiento, tristeza y sin embargo se acaba demasiado deprisa."

Annie Hall, Woody Allen 1977

estados de poder estar

polilla de la soledad

sentirte atrapado en una tela de araña tejida a mano, a lo largo de los años

decir que no sabes qué escribir

estar en un cruce de vías, solo, esperando a que alguien pase. no saber hacia donde empezar a caminar. un sol que cae suave hace bailar el viento, que trae corrientes de calor, humedad y frío. mil agujas invisibles traspasan tu cuerpo, que no se resiste al danzar del movimiento de unas masas de aire visibles, teñidas de sensaciones encontradas sin ni siquiera intentar buscar algo. un escalofrío aparece. te desconcierta. cuando cae el sol. y de noche, no sabes qué paso dar. camino o llanura, norte o sur, este u oeste, pierdes la orientación en favor de una cierta nostalgia que te hace preguntarte como eran los días con luz, con sol...y llegas a imanigarte que el sol saldrá de nuevo, pero no sabes cómo te sentirás.

y un diente de león flota, sin destino, sin lugar, sin tiempo, sin espectativas, sin futuro. solo flota en el aire.

 

borrador de algo

principio de las termópilas, aguanta hasta el final

princesas del vaso, príncipes de sí mismos

opiniones rotas, delirios incontrolables

taquicardias de palabras

respirar en un estanque, la solución

encontrar una rana malvada con tacones, que se marche a las doce

retratos con espejos, ausencias personales

ergo sum

aspavientos nostálgicos, fármacos hormonales

algún día, ese día, aquel día

estrellas pegadas en el parabrisas

intenta ganar al escondite, tu cuentas

Un hombre, un nombre

Vine al mundo sin nombre. Aún no tengo nombre. Nunca quise decir que era alguien sin conocerme antes. Quizás piensas que no es normal, pero es a mi a quien no le parece normal que vayas diciendo por la vida que eres una persona que en realidad ni eres ni conoces.

Me conformo con saber que en un grito mudo, cuando la noche cae sobre nuestros pensamientos y derriba nuestra coraza de paja, me encuentro a mi mismo. Me reconozco, me escucho y me entiendo. Ahí, quizás, me pondría un nombre, pero el grito se alarga hasta hacer temblar mi pecho, sin aire, sin ganas de seguir pensando en quien soy o en quien puedo ser.

Mi saludo es frío pero cordial. Quizás porque no tengo a nadie a presentar cuando quieren conocerme. Un silencio tenso, especulativo y nervioso espera una respuesta por mi parte. Una forma de referirse a mi. Y en ese momento se me pasan cientos de adjetivos por la cabeza, pero ninguno me define por completo. Entonces, no sé qué decir. Un nombre tiene que explicar quién soy o, por lo menos, qué soy con tan solo pronunciarlo.

Es en estos silencios cuando consigo saber quien soy y, a su vez, es cuando más me cuesta decirlo. Al fin y al cabo, un nombre es una etiqueta prematura, y no tengo especial interés en etiquetarme.

Algún día llegará el momento en el que pueda decidir un nombre para mi. Pero ese día, ese mismo día, ya no estaré aquí. No estaré en ningún lugar. Seré un cuerpo tendido o polvo amontonado. Y ni siquiera eso, porque mi cuerpo no soy yo.

Al final, mi nombre solo existirá un pequeño momento en toda mi vida. El momento en el que sabes que estás muerto.

destino

¿Crees en el destino?, cualquiera con un poco de palabra ágil puede convencerte de tu destino.

¿Existe el destino?, afirmamos muchas veces el destino, porque estando en el presente, vivimos en el pasado. A cada segundo. Cada pensamiento, cada idea, cada estímulo palpitante que nos recorre ya fue cuando lo pensamos. Todo lo que hacemos está en el pasado, por milésimas de segundo. Pero todo está en el pasado. Somos máquinas de predicción. No podemos negar el pasado. Y lo afirmamos como destino, para poder dejar atrás muchas de las cosas que pasan. ¿Por qué fue así?, destino decimos, cuando queremos decir decisiones tomadas, acciones realizadas. Elecciones al fin y al cabo. Todas. Porque estamos condenados a ser libres. Toda elección convella descartar opciones. Somos dueños de nosotros mismos. Afirmamos el destino para quitarnos un gran peso de encima. El peso de la responsabilidad. Como el peso de una tía pobre.